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La matanza de Vilaboa

J. Guerrero

El hostal La Ría, en Vilaboa, fue el escenario de la mayor matanza perpetrada hasta la fecha en la comarca de Pontevedra. En ese lugar un impulsivo toxicómano y atracador de la zona acabó a balazos con la vida de 4 personas, todos ellos relacionados con la venta y el consumo de drogas.


 

José Manuel Rodríguez Lamas era el único hijo de una acomodada familia gallega en la década de los 90. Pero a pesar de su cómoda posición social y económica el joven Lamas comenzó en su adolescencia a coquetear peligrosamente con las drogas y, con ello, a caer enredado en el mundo de la delincuencia. Su fuerte adicción a la heroína necesitaba financiación y José Manuel la conseguía robando coches y atracando a punta de pistola, lo que le llevó a ser detenido en numerosas ocasiones.

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En los círculos delincuenciales José Manuel era conocido con el alias del Pulpo, sobrenombre que se ganó por su forma de mover los brazos cuando se veía envuelto en alguna pelea. Sus padres trataban de apartarlo del mal camino y llegaron a comprarle una licencia de taxi en Vigo buscando que encontrara en el trabajo los buenos hábitos y la estabilidad que tanto necesitaba. La medida parece surtir efecto y José Manuel comienza a enderezar su rumbo, controlando aparentemente su adicción y formalizando una relación sentimental con una joven con la que acabó pasando por el altar. Pero esta nueva vida tan sólo era un espejismo, una tapadera que le permitía camuflar mejor su lado oscuro. José Manuel seguía actuando como el Pulpo.

La heroína, a la que el Pulpo estaba enganchado, es una sustancia tan dañina como adictiva

A finales del año 1996 Roberto Iglesias, uno de los compañeros de fechorías de José Manuel, le reclama a éste 90.000 pesetas por deudas derivadas de sus asuntos en común. El Pulpo no cede y la disputa va elevándose hasta que, en un momento dado, Iglesias exhibe un arma de fuego y encañona con ella a José Manuel, que claudica ante la amenaza y le entrega el dinero, no sin antes jurar ante su oponente que le mataría.

Las amenazas del Pulpo pudieron ser, como tantas otras veces, simples palabras que pronuncia el derrotado en busca de un resquicio de dignidad tras la afrenta. Pero el 26 de enero de 1997, José Manuel se provee de una pistola Astra 100 y un silenciador y acude al hostal La Ría, en Vilaboa, a la espera de Roberto. En una de las habitaciones del establecimiento, concretamente en la número 21, otros dos habituales de las comisarías han montado su centro de operaciones. Son Jesús Joaquín Brea, alias Suso, y Mercedes Castaño, alias Merchy, que desde este lugar distribuyen droga al por menor a los adictos de la zona, entre los que se encuentran Roberto y el Pulpo.

A la izquierda, Rodríguez Lamas es conducido por la Guardia Civil. A la derecha, el mismo modelo de pistola que utilizó en el hostal La Ría

La espera se prolonga más de tres horas hasta que, finalmente, Roberto aparece en el hostal y accede a la habitación como era su costumbre habitual cuando acudía a por su dosis: por la ventana. Al hacerlo se topa con José Manuel, que cegado por la ira no le da opción de defensa y lo ejecuta de inmediato con dos certeros disparos que acaban con su vida al instante. Con el cadáver de su antiguo socio yaciendo en el suelo el Pulpo toma conciencia de nuevo con la realidad y se da cuenta de la torpeza que ha cometido: ha disparado a Roberto delante de varias personas que, en ese momento, estaban también en la habitación.

Ante esto, José Manuel decide involucrar a la fuerza a todos los presentes para evitar con ello ser delatado. A punta de pistola y con la credibilidad que le otorgaba el haber matado ya a Roberto, el Pulpo obliga al Suso y a otro varón, Manuel Pazos, a infligir varias puñaladas al cadáver de Roberto. Un tercer hombre, Marcial Magdalena, recibe la orden del Pulpo de envolver el cuerpo y hacerlo desaparecer.

El pozo de Ponteareas en el que, tras 8 años, se hallaron los restos mortales de Roberto Iglesias

Con el paso de las horas José Manuel reflexiona y se da cuenta de que, al actuar cegado por la rabia, ha cometido muchos errores y ha dejado demasiados cabos sueltos. Es entonces cuando se percata de que los testigos podrían irse de la lengua con facilidad si siguen con vida. Una de las hipótesis más probable es que cualquiera de ellos, en el caso de ser sorprendido en alguna de sus muchas cuentas con la ley, ofrezca a la policía información sobre el crimen para tratar de salir airoso de la situación. Y por ello, al día siguiente de haber matado a Roberto, ya en la madrugada del lunes, el Pulpo vuelve a la habitación nº 21 del hostal La Ría pertrechado con la pistola y el silenciador.

Al igual que hizo con Roberto, José Manuel no da opción de defensa a sus objetivos. El primero en ser abatido fue el Suso, que murió en el acto con 32 años de edad. La Merchy, que entonces tenía 29 años, trató de escapar de la habitación, pero las balas de la pistola de José Manuel la acribillaron cuando estaba a punto de alcanzar la puerta de salida. El siguiente en caer fue un cliente habitual de la pareja de traficantes: Eugenio Riobó, de 31 años. Otro de los clientes era Alberto Piñeiro, de 26 años, que logró salvar milagrosamente la vida después de que el Pulpo le alcanzase con un disparo en la cabeza y le diese por muerto. Junto a él, el otro superviviente de esta masacre fue Marcial Magdalena, que pudo refugiarse en un armario sin que José Manuel advirtiese su presencia.

El Inspector-Jefe Rodríguez Trincado, jubilado en el año 2017, participó en la detención de Lamas. Años más tarde, el propio Lamas le confesaría dónde había ocultado el cuerpo de Roberto Iglesias.

Los cuerpos son descubiertos a la mañana siguiente y, aunque en principio se procedió a la detención de otros tres hombres como posibles autores del crimen, cuando la investigación profundiza no tarda en señalar a José Manuel como el autor de la matanza. El Pulpo, que estaba en paradero desconocido desde el día de los hechos, es detectado por la policía el 4 de febrero en el barrio del Cabral, en Vigo. Al saberse descubierto se parapetó tras un vehículo, sacó las dos pistolas que portaba consigo y se enfrentó a tiros con los agentes. Tras un intenso intercambio de disparos, el Pulpo sólo dio su brazo a torcer y acabó entregándose cuando se quedó sin munición.

En mayo de 1999 José Manuel Rodríguez Lamas fue condenado por la Audiencia Provincial de Pontevedra a la pena de 125 años de prisión. Cabe recordar que en la habitación del hostal fueron encontrados los cuerpos de todas las víctimas a excepción del de Roberto Iglesias. José Manuel se negó en rotundo durante años a revelar a la policía el lugar en el que se habría desecho de ese cadáver. Pero ocho años más tarde y después de que no fructificase la negociación con una revista por la exclusiva, el Pulpo acabó confesando al policía que le detuvo que el cuerpo de Roberto había sido arrojado a un pozo en Ponteareas. La policía pudo así cerrar por completo este caso tras inspeccionar el lugar y hallar en el interior los restos mortales del que fuera amigo y compinche del Pulpo.

J. Guerrero (Salamanca). Crecí en el barrio de Pizarrales, lugar de nacimiento de un famoso delincuente: «el Lute». Pero yo elegí el otro bando. Por eso hoy escribo, sin pretensiones de fama ni fortuna, pero con conocimiento de causa, sobre el bien y el mal, sobre policías y ladrones, sobre criminología y criminales… ¡Te agradezco mucho tu visita y tu lectura!

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Vida y obra de un mito: el Vaquilla

J. Guerrero

De verbo fluido y un enorme magnetismo personal, el Vaquilla fue elevado a la categoría de mito por la prensa y los artistas de la época. Portadas, reportajes, canciones y películas narraban sus peripecias al volante, sus robos, sus fugas y su adicción a la heroína, que le acabaría costando la vida a los 42 años.


 

La historia de Juan José Moreno Cuenca, más conocido como el Vaquilla (ver anexo 1), comenzó a escribirse como la de tantos otros delincuentes comunes: un origen marginal, una familia desestructurada y una temprana adicción a la heroína marcarán irremediablemente su vida convirtiéndolo en ladrón y reincidente desde la más tierna infancia. Pero algunos detalles y azares en su vida acabarán transformando al Vaquilla en un icono de la España de los 80 que, tras su muerte, en el año 2003, ha seguido conservando el halo de leyenda hasta nuestros días.

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Juan José nace el 19 de noviembre de 1961 en el poblado barcelonés de Torre Baró. Su madre, Rosa Cuenca, quedó embarazada de él durante una boda en la que tuvo una aventura con un cantaor gitano al que nunca volvió a ver. Durante la gestación Rosa comienza una relación con Antonio Moreno, que reconoce a Juan José como hijo suyo y le da sus apellidos. Rosa estuvo casada anteriormente con otro hombre, Miguel Ugal, que murió tiroteado por la Guardia Civil tras un atraco en Hospitalet de Llobregat. Rosa tuvo junto a Miguel tres 3 hijos y 1 hija. Los 3 varones (los Ugal Cuenca), además de tener todos ellos un trágico final (ver anexo 2), fueron habituales de las comisarías y prisiones catalanas de la época, siendo un nefasto ejemplo para su hermanastro pequeño: el Vaquilla.

Moreno Cuenca sufre el primer revés de su vida cuando Antonio Moreno, el hombre que le aceptó como un hijo propio, muere de un ataque al corazón mientras huía de la policía tras cometer un robo en una fábrica. Con el delito siempre rondando en su entorno, Juan José es expulsado del colegio con 7 años por cometer allí su primera fechoría: robar unos lápices que pretendía revender para jugar al futbolín. Por otra parte, su madre también se lanza a robar para mantener a la familia hasta que finalmente acaba en prisión. Es entonces cuando el Vaquilla es cobijado por su tío José, que le obligará a cometer hurtos y robos para cubrir su manutención, además de enseñarle a conducir cuando apenas tiene 9 años, teniendo que colocarse ladrillos en los pies para poder llegar a los pedales del coche.

Imagen de la detención del Vaquilla y otros de los fugados de la prisión de Lérida II (captada por las cámaras de TV3)

Pero el Vaquilla se cansa del carácter de su tío José y con 10 años decide marcharse a vivir con sus hermanastros: Julián, Antonio y Miguel, los Ugal Cuenca, afincados en el poblado chabolista del Campo de la Bota. Allí comienza una actividad delictiva incesante junto a distintos compinches, especializándose en conducir vehículos robados desde los que realizan tirones de bolsos y protagonizan espectaculares huidas de la policía. En uno de estos golpes, cuando el Vaquilla sólo tiene 12 años, se produce la única mancha de sangre en su ficha. Tras dar un tirón al bolso de una mujer, ésta cae al suelo y en la huida es atropellada por el coche que conducía Juan José causándole la muerte.

Todo lo anterior sumerge a Moreno Cuenca en un ciclo constante de detenciones e ingresos en reformatorios de toda España, de los que consigue fugarse con la misma facilidad con la que entra. Estas fugas y su pericia al volante, a pesar de su juventud, comienzan a granjearle cierta fama en los círculos delincuenciales y policiales de Barcelona. Por otra parte, las chabolas del Campo de la Bota son derruidas y se reubica a sus habitantes en el barrio de La Mina. Es allí donde el Vaquilla, con tan sólo 13 años, liderará su propia banda que contará entre sus miembros con Ángel Fernández Franco, alias el Trompetilla, que más adelante será conocido como el Torete.

Los hermanos Ugal Cuenca (de izq. a dcha. Julián, Antonio y Miguel) y Ángel Fdez. Franco, el Torete

En 1975, tras una de sus detenciones y cuando está a punto de cumplir 14 años, acaba en la Cárcel Modelo de Barcelona a pesar de que la edad mínima para ingresar en prisión era de 16 años. Por un lado, Juan José miente sobre su edad creyendo que en la prisión contará con la compañía y ayuda de los familiares y amigos que en ella se encuentran. Por otra parte, desde las instituciones tampoco se molestan demasiado en comprobar su verdadera edad y el Vaquilla cumple condena con los adultos. Tras unos meses encarcelado será puesto en libertad y continuará con la actividad que había desarrollado hasta entonces, pero ahora, además, enganchado a la heroína.

Poco más adelante será cuando al Vaquilla le llegue la fama mediática gracias al director de cine José Antonio de la Loma, que se propuso realizar una serie de películas sobre la delincuencia juvenil de la época, pero con la particularidad de que los actores fuesen los propios malhechores. Buscando a los delincuentes más activos es como de la Loma conoce y contacta con el Vaquilla. De sus vivencias surge el guión de “Perros Callejeros”, que se estrena a finales de 1977 y que iba a estar protagonizada por él propio Juan José. Pero en el momento del rodaje Moreno Cuenca había ingresado de nuevo en prisión y su lugar lo ocupó su amigo, el Trompetilla. Ángel Fernández Franco será conocido a partir de entonces como el Torete, nombre del personaje que interpretaba en la película y que fue bautizado así por de la Loma en un guiño hacia el Vaquilla. Esta película dio comienzo a un fenómeno cinematográfico conocido como “cine quinqui”, cultivado principalmente por dos directores: Eloy de la Iglesia y el propio de la Loma.

El director José Antonio de la Loma se interesó por las vivencias del Vaquilla cuando éste apenas era un niño

Pero la fama no redime a los protagonistas de estas películas ni al propio Vaquilla, que en 1981 vuelve a ingresar en prisión por el atraco a un banco a punta de pistola. Ya en abril de 1984 participará en el célebre motín de la Modelo de Barcelona. Varios funcionarios son retenidos a punta de pincho carcelario y el Vaquilla se erige como portavoz de los amotinados, que denuncian torturas y tratos vejatorios. Éstos exigen como condiciones para liberar a los rehenes que se les facilite heroína y que el Vaquilla sea entrevistado por la prensa para exponer sus reivindicaciones. Los periodistas entran en la quinta galería de la prisión y son testigos de cómo Juan José y otros presos se inyectan con la misma jeringuilla, liberan a los funcionarios y dan por finalizado el motín.

Tras este episodio el Vaquilla es trasladado a la prisión de Lérida II de forma provisional, ya que la intención de Instituciones Penitenciarias era ubicarlo definitivamente en el penal del Puerto de Santa María. Pero Juan José no está dispuesto a ser trasladado y en diciembre del 84 se fuga en compañía de otros reclusos. Con unos punzones reducen a varios funcionarios a los que les quitan sus uniformes, logrando con esta vestimenta pasar los controles de seguridad y escapar. Pero la libertad apenas les dura un día. La policía les localiza en Barcelona y después de una persecución y un tiroteo en el que Juan José fue herido leve de bala, los fugados son detenidos y su captura es recogida por las cámaras de la televisión autonómica catalana.

Las cámaras de televisión recogieron el momento en el que los amotinados en Barcelona, de los que el Vaquilla era portavoz, compartían heroína (y jeringuilla) como exigencia para disolver el motín

En 1985 José Antonio de la Loma vuelve a exprimir la fama del Vaquilla con un libro y una película, ambos con el título de “Yo, el Vaquilla”, que narran la vida de Juan José hasta los 14 años. La película, que contenía intervenciones del propio Juan José grabadas en el interior de la cárcel, fue presentada ante los medios en el penal de Ocaña con un concierto de “Los Chichos”, que también habían escrito un tema dedicado al propio Vaquilla. A finales de ese año Juan José es trasladado a la prisión de Ciudad Real para comparecer en un juicio. Y allí, bajo los efectos de las drogas, vuelve a involucrarse en un motín que fue disuelto por la Guardia Civil.

Ya a principios de los años 90, Juan José conoce a Isabel Faya, una mujer que nada tiene que ver con el entorno carcelario ni delincuencial y con la que acabará contrayendo matrimonio en septiembre de 1994 en un juzgado de Gerona. Isabel comienza una campaña para que a Juan José le sea concedido un indulto, alegando que tiene una base sólida para lograr la reinserción y que si no la ha conseguido hasta ahora es por falta de oportunidades. El Vaquilla se modera en estos años, en los que mantiene un trato cordial con los funcionarios de prisiones, escapa de cualquier conflicto e incluso comienza a estudiar. Esto le genera una animadversión por parte del resto de compañeros de prisión, que le tildan de vendido y chivato, apodándole irónicamente “el Boquilla”.

Isabel Faya se casó con el Vaquilla en 1994 e inició varias campañas para conseguir su indulto y lograr su reinserción

En enero de 1996 obtiene el tercer grado en régimen abierto, pero apenas un mes después roba un coche bajo los efectos de las drogas y en compañía de otra mujer, siendo nuevamente detenido y encarcelado. Su matrimonio con Isabel Faya se rompe y el Vaquilla no volverá a salir a la calle hasta el año 1999, cuando consigue un permiso para obtener el carnet de conducir. Pero Juan José no regresa al penal de Quatre Camins y comete al menos 13 delitos en apenas 5 días. Todos ellos a cara descubierta y alardeando de ser el rebelde e indomable Vaquilla. Finalmente fue detenido en Santa Coloma de Gramanet y nuevamente encarcelado.

La llama del Vaquilla se apagó definitivamente el 19 de diciembre de 2003. Juan José Moreno Cuenca moría en un hospital de Badalona a causa de una cirrosis hepática agravada por el sida. Apenas unos días antes, el que fuera mítico delincuente e icono de una generación perdida por la heroína, había sido excarcelado debido a su maltrecho estado de salud. De este modo el Vaquilla pudo cumplir su última voluntad: morir en libertad tras pasar casi toda su vida entre rejas.

 

ANEXOS

(1) El origen del alias del Vaquilla se suele atribuir al carácter inquieto e impetuoso de Juan José, diciendo de él que, cuando tenía algún problema, embestía “como una vaquilla” y se llevaba todo por delante. Sin embargo, parece que esta explicación es incorrecta y edulcorada, pues sus más hallegados apuntan a un origen del apodo mucho más basto y escatológico, atribuyéndolo a la niñez de Juan José y a un tío suyo, que al ver una de sus deposiciones exclamó que “aquello parecía de una vaquilla”.

(2) Miguel Ugal Cuenca, alias el Carica, murió en 1985 a los 25 años de edad cuando el vehículo en el que escapaba de la Guardia Urbana de Barcelona (un Ford Fiesta propiedad de la mujer del futbolista Asensi) se estrelló contra otro coche. Julián Ugal Cuenca murió en 1986 a los 33 años de edad cuando cayó al vacío al tratar de huir del hospital en el que se encontraba ingresado bajo custodia policial, descolgándose por una ventana situada en la sexta planta. Antonio Ugal Cuenca, alias el Tonet, murió en 1994 a los 36 años de edad tras un enfrentamiento armado con la Policía Municipal de Gerona después de cometer un atraco en una sucursal bancaria en Llagostera.

 

 J. Guerrero (Salamanca). Crecí en el barrio de Pizarrales, lugar de nacimiento de un famoso delincuente: «el Lute». Pero yo elegí el otro bando. Por eso hoy escribo, sin pretensiones de fama ni fortuna, pero con conocimiento de causa, sobre el bien y el mal, sobre policías y ladrones, sobre criminología y criminales… ¡Te agradezco mucho tu visita y tu lectura!

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Alcohol y conducción: bomba de relojería

J. Guerrero

Beber alcohol y ponerse después al volante puede tener consecuencias terribles para quien lo hace, pero también para terceros inocentes. Son muchos los que creen que las desgracias sólo les ocurren a otros… hasta que, quizás, ya es demasiado tarde. No permitas que sea tu caso.


 

DEJA QUE TE CUENTE UNA HISTORIA…

Sucedió en una noche de jueves, hace ya unos cuantos años. Yo era un “pepinillo” con el cargo recién jurado y llevaba 4 días en la calle. Esa noche, mientras patrullaba con Alfredo, vimos un coche realizando unas maniobras extrañas en una larga avenida. Le dimos el alto y bastó con que el conductor levantase la cabeza y nos mirase para darnos cuenta de que había bebido demasiado. Era un hombre de unos 45 años que, con el viejo truco de hablar despacio para tratar de disimular la borrachera, nos dijo que se dirigía a Millares, un pueblo a unos 65 kilómetros de Valencia. La sorpresa saltó cuando de pronto, en el asiento trasero, brilló la sonrisa de una niña de 5-6 años que destilaba dulzura.

Desde ese momento la prioridad fue la pequeña. No debía percatarse de lo que estaba ocurriendo para que esa sonrisa no se empañara con lágrimas. Nosotros éramos amigos de su papá y necesitábamos que viniese a firmar un papel, porque su papá era un señor muy importante. Nos desplazamos hasta las dependencias de la Policía Local de Valencia, donde comprobamos que el papá triplicaba la tasa máxima de alcohol permitida. Y en ese estado pretendía recorrer 65 kilómetros de noche, por carreteras comarcales y con su hija en el asiento trasero. Con total inmodestia, pero con algo de razón, en aquel momento me sentí como un ángel de la guarda para aquella niña.

Mientras Alfredo se encargaba de las gestiones yo entretenía a la pequeña con todo aquello que se me iba ocurriendo para que no sospechase lo que en realidad sucedía ni la temeridad que había cometido su padre. Y creí estar haciéndolo bastante bien, hasta que, en un momento dado, cuando ya no sabía a qué más jugar ni qué otra cosa inventarme, saqué mi libreta y mi bolígrafo y le pedí a esa preciosidad que me dibujara algo (porque me habían chivado que dibujaba muy bien). A los pocos minutos me entregó 3 hojas de la libreta garabateadas. Cuando vi lo que había plasmado en ellas se me encogió el alma y me costó contener las lágrimas. No hacía falta ser psicólogo para interpretar sus dibujos. A pesar de su inocencia y de no perder jamás la sonrisa, la pequeña era plenamente consciente del peligro que había corrido. Si no me crees, saca tus propias conclusiones.

Estos son los dibujos que realizó la protagonista de esta historia y que aún conservo. Puedes hacer clic para ampliar.

Guardé aquellos dibujos. Para mí tienen un gran significado por varios motivos, pero sobre todo porque la dulzura y la luz que aquella niña emanaba pudo dejar de brillar para siempre aquella noche. Y todo por la inconsciencia de quien, se supone, debería ser su mayor protector. Aquello, lo que pasó y lo que pudo haber pasado, me hizo reflexionar mucho y por eso desde entonces intento concienciar a todo aquel que quiera escucharme del peligro que supone tomarse unas copas o cervezas y ponerse al volante. Algo en lo que hay que insistir porque, a pesar de ser tan obvio para todos, sigue siendo obviado por muchos.

TOLERANCIA SOCIAL

El consumo de alcohol está tan aceptado socialmente en nuestros días que se nos olvida (o preferimos olvidar) algo básico: ¡es una droga! Y no es que lo diga yo, si no la Organización Mundial de la Salud, que define como droga “toda sustancia que, introducida en el organismo por cualquier vía produce una alteración del natural funcionamiento del sistema nervioso central y es, además, susceptible de crear dependencia, ya sea psicológica, física, o ambas”.

Pero hemos interiorizado celebrar nuestros éxitos brindando con licor o relacionarnos socialmente tomando una copa. Incluso una gran parte de los jóvenes (y ya no tan jóvenes) consumen alcohol de forma normalizada como requisito para la aceptación colectiva y la pertenencia al grupo. Esa tolerancia social, cada vez más arraigada, hace que cuando bebamos alcohol, ya sea mucho o poco, no tengamos la sensación de estar consumiendo, en realidad, una droga. Y como sucede con otras drogas, la línea que separa el consumo comedido del abusivo es sumamente delgada y fácil de sobrepasar sin darnos cuenta.

Hemos interiorizado el consumo de alcohol asociándolo a celebraciones y reuniones sociales

CONSECUENCIAS

Es indiscutible y más que evidenciado científicamente que cuando bebemos alcohol nuestras capacidades disminuyen de forma notable afectando principalmente a nuestro modo de procesar la información. Tardaremos mucho más en percibir un peligro u obstáculo y tardaremos aún más en reaccionar para evitarlo, si es que llegamos a percibirlo y a reaccionar. En definitiva, una auténtica bomba de relojería cuando conducimos un vehículo. Una bomba que no es selectiva y puede llevarse por delante la vida del que la manipula, pero también la de otros muchos inocentes que en ese momento estén alrededor.

Y es que las consecuencias de una desgracia al volante pocas veces son leves. Hablamos de lesiones de extrema gravedad, a veces irrecuperables, y de la muerte. La tuya propia, la de tus acompañantes (familiares y amigos) y la de terceros implicados inocentes, con el consiguiente cargo de conciencia y remordimiento para el resto de tu vida. Si te pones al volante habiendo bebido, siento decirte, sin ánimo de ofender, pero con la contundencia que el hecho merece, que en ese momento serás un asesino en potencia, pues estás poniendo en grave riesgo tu vida y la de cualquier otra persona que se cruce en tu camino.

No pretendo convencerte para que no bebas alcohol, en mayor o menor medida, si es que ese es tu deseo. No soy quién para ello, faltaría más. Pero si me veo en la obligación moral de pedirte, al menos, una reflexión. Sencillamente porque, sin ser la seguridad vial mi área de trabajo, he presenciado escenas dantescas causadas por conductores ebrios. Escenas que deseo que jamás tengas que presenciar tú. Cuerpos destrozados, cadáveres, llantos desgarrados de familiares y amigos… en definitiva: dolor, mucho dolor. Un dolor que pudo ser, en muchos casos, fácilmente evitado.

Ponerte al volante después de beber alcohol puede costarte la vida a ti y hacerte responsable de la muerte de otros inocentes

No cometas el error de pensar que las desgracias sólo les ocurren a otros y no compres boletos para un sorteo en el que nadie quiere llevarse un macabro premio. Interioriza que, si vas a conducir, no debe haber nada de alcohol ni otras drogas en tu cuerpo. Es un ejercicio de civismo, sensatez y responabilidad para que no tengas que llorar por nadie… y para que nadie tenga que llorar por ti.

 

J. Guerrero (Salamanca). Crecí en el barrio de Pizarrales, lugar de nacimiento de un famoso delincuente: «el Lute». Pero yo elegí el otro bando. Por eso hoy escribo, sin pretensiones de fama ni fortuna, pero con conocimiento de causa, sobre el bien y el mal, sobre policías y ladrones, sobre criminología y criminales… ¡Te agradezco mucho tu visita y tu lectura!

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La dentellada delatora: el crimen de Cervera

J. Guerrero

Parecía que la joven Marina Ruiz quiso suicidarse arrojándose al tren en las vías de Cervera. Sin embargo, cuando los vagones pasaron sobre ella, ya era cadáver. Alguien la había golpeado y agredido sexualmente de forma salvaje. Un mordisco en su pecho fue la clave para detener a su asesino.


 

El 15 de febrero de 1999 es una fecha difícil de olvidar en la localidad leridana de Cervera. Sobre las 07:45 de esa mañana un tren que circula por la localidad se topa con el cuerpo de una joven mujer tendido en las vías. El maquinista no puede frenar el convoy a tiempo y sus vagones acaban pasando por encima de la chica. Se trata de una vecina del lugar, Marina Ruiz, de 23 años de edad. Todo apunta, en principio, a que la joven habría elegido este brutal método para quitarse la vida.

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Pero Marina era una chica alegre y risueña, sin ningún motivo aparente para querer suicidarse. Esto se confirma cuando los vagones son retirados y los Mossos d’Esquadra pueden inspeccionar con detalle la escena. El cuerpo, que está desnudo y completamente bañado en sangre, aparece ubicado en medio de los railes y ninguna de las heridas se corresponden con un atropello ferroviario. De ello se deduce que el tren ha pasado por encima de la joven cuando ya era cadáver. Marina había sido asesinada.

La escena era tan salvaje como reveladora. Marina está desnuda y le han propinado con algún objeto contundente más de 20 golpes brutales en cráneo, mandíbula y nariz. Debajo del cadáver se encuentra una barra antirrobo de coche partida en dos. Es el objeto con el que la víctima ha sido golpeada. Además, el cuerpo presenta la vagina y el ano desgarrados, asomando por estas zonas parte de sus intestinos y vísceras y hallándose restos de las mismas esparcidos por los alrededores. Pero sobre estos crueles hallazgos hay otro que centra la atención de los investigadores: una dentellada claramente marcada en el pecho izquierdo de la joven y que la autopsia revelará que había sido causada instantes antes de la muerte. Esta prueba acabará resultando determinante para el esclarecimiento del caso.

Barra antirrobo para vehículos similar a la que fue utilizada para agredir a Marina Ruiz

La investigación revela que Marina acudió sobre las 6 de la mañana a su puesto de trabajo en una fábrica del polígono industrial de Cervera. Allí la esperaba su asesino, un varón al que Marina conoce. Junto a él camina unos 150 metros hacia las vías del tren y es allí donde el varón comienza a golpear salvajemente a la joven con la barra antirrobo. Con su víctima gravemente herida, en suelo y totalmente a su merced, el agresor la desnuda cuidadosamente y, con la misma barra, la penetra de forma anal y vaginal con tal violencia que acabará arrancándole intestinos y vísceras en esa acción. A pesar de la gravedad de las heridas Marina se resiste a morir y no claudica. Su agresor, en pleno éxtasis animal muerde ferozmente el pecho izquierdo de la joven y acaba por darle muerte estrangulándola con sus propias manos y dejando el cuerpo en las vías del tren, pero cometiendo la torpeza de hacerlo en mitad de ambos railes.

La familia de Marina está destrozada. Especialmente compungido se muestra su novio, Serafín Cervilla, que aparece en distintos programas televisivos y medios de comunicación totalmente abatido y pidiendo justicia para su novia. En sus intervenciones Serafín describe su relación con la joven de forma idílica. Sin embargo, esta visión de su relación no es la que los familiares y amigos de Marina relatan a los mossos. Algunos compañeros de trabajo de ella declararon haber sido testigos de  altercados entre la pareja porque Serafín era extremadamente celoso. En la misma línea apuntaban los amigos de la joven que cuenta un ejemplo muy revelador: si Marina subía en el asiento trasero de un coche, Serafín corría a sentarse junto a ella para que ningún amigo la rozase. También se tomó declaración a una exnovia de Serafín que manifestó que éste era tremendamente posesivo y que durante su noviazgo la aisló de su familia y amigos.

Imagen de Serafín Cervilla en la que se puede apreciar la singularidad de su dentadura

Las semanas van pasando y las pruebas evidencian de forma clara como se produjo el crimen, pero no quien fue su autor. Mientras tanto Serafín continúa concediendo entrevistas y organizando actos en recuerdo de Marina. Uno de ellos es una manifestación celebrada en Cervera. La comitiva es guiada por Serafín, que sigue el mismo recorrido que hicieron Marina y su agresor, siendo este detalle sólo conocido por los investigadores encargados del caso. Estos agentes, que están infiltrados entre el gentío, también observan atónitos como Serafín amaga con dejar un ramo de flores en el punto exacto donde se cometió el crimen, pero se da cuenta de lo obvio del gesto y acaba depositando el ramo más tarde. Estos gestos le colocan ya como el principal sospechoso, aunque todavía no hay pruebas que le señalen de forma inequívoca.

Han pasado ya 9 meses desde el fallecimiento de Marina y, aunque para los mossos hay un claro sospechoso, no hay pruebas contundentes que permitan su detención. Agotadas las vías tradicionales para la investigación, los agentes deciden explorar aquel detalle que les llamó la atención durante la inspección ocular de la escena: la dentellada que el cuerpo presentaba en el pecho izquierdo. Sabedores de que la dentadura de Serafín presenta unas características que la hacen especialmente particular le piden su consentimiento para obtener un molde de su mordida, a lo que éste accede para no despertar recelo.

La marca en el cuerpo de la joven y la comparativa de la misma con el molde de la dentadura de Serafín Cervilla

La policía científica coteja el molde de la dentadura de Serafín con la herida del pecho de Marina. Para considerar fiable una identificación de estas características los criterios científicos internacionales exigían que las marcas comparadas coincidieran en al menos 50 puntos. El informe odontológico del caso indicó que, de 69 puntos de coincidencia posibles, la dentadura de Serafín compartía 68 con la marca hallada en el cuerpo de Marina.

Con esta evidencia Serafín Cervilla pudo ser finalmente detenido y condenado a 30 años de prisión por el asesinato de Marina Ruiz. La sentencia dio por probado que él fue el autor de los hechos y que los celos fueron el móvil de tan horrendo crimen. De los testimonios oídos en la sala se dedujo que la pareja mantuvo una fuerte discusión al saber Serafín que Marina había tenido una relación anterior a la suya con un conocido. Él se marchó de casa, se refugió del frío en un coche abandonado (del que cogió la barra antirrobo) y abordó a Marina cuando ella acudía a su puesto de trabajo. Fue la primera vez en la que una prueba dental se utilizaba para encontrar y condenar al autor de un asesinato. La resolución del crimen fue tan notoria y curiosa dentro del gremio de la investigación criminal que incluso el FBI se interesó por el caso y por el trabajo que los mossos habían realizado.

 

 J. Guerrero (Salamanca). Crecí en el barrio de Pizarrales, lugar de nacimiento de un famoso delincuente: «el Lute». Pero yo elegí el otro bando. Por eso hoy escribo, sin pretensiones de fama ni fortuna, pero con conocimiento de causa, sobre el bien y el mal, sobre policías y ladrones, sobre criminología y criminales… ¡Te agradezco mucho tu visita y tu lectura!

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7 consejos atípicos para preparar la oposición al Cuerpo Nacional de Policía

J. Guerrero

Si estás preparando la oposición para ser policía nacional (o para cualquier otro cuerpo) aquí te presento, más que unos consejos, unas vivencias personales, esperando que puedan servirte para recorrer el camino con mayor facilidad.


 

Permíteme que, antes de entrar en materia, incida en la palabra atípicos. Tanto si ya estás inmerso en la preparación de las pruebas como si estás comenzando a valorar la opción de prepararlas, doy por hecho que ya habrás oído o leído consejos genéricos, los cuales son tan necesarios como prácticamente obvios. Con el contenido de las siguientes líneas yo pretendo ir un poco más allá y ofrecerte, sin considerarme maestro de nada ni de nadie, una serie de vivencias/sensaciones/experiencias personales de quien fue un opositor, esperando y deseando que puedan servirte de ayuda para que, no tardando mucho, tú también consigas tu «APTO». Vamos con ello.

MENTALÍZATE PARA UNA CARRERA DE FONDO

Quizá una de las mayores dificultades de esta oposición sea su extensión en el tiempo teniendo que pasar por varias pruebas en distintos momentos. Por eso conviene que afrontes el proceso como si de una carrera de fondo se tratase, donde los sprints salvajes y desmedidos sólo te desfondarán y acabarán por sacarte del camino antes de llegar a la meta. Has de marcarte un ritmo continuo para el estudio y el entreno con la exigencia apropiada para avanzar, pero con la moderación suficiente para que puedas mantenerlo constante en el tiempo. Recuerda que, a veces, menos es más y que la perseverancia es la clave.

NO COMPITAS CONTRA EL RESTO DE OPOSITORES (COMPITE CONTRA TI MISMO)

Debes saber, o al menos esta es mi forma de verlo, que no peleas por una plaza con el resto de opositores. ¡Tú ya tienes tu plaza! Es tuya, con tu nombre y apellidos. Porque la quieres, la deseas con todas tus fuerzas y la vas a conseguir porque para eso te has enrolado en este barco. Sólo debes confirmar con tu esfuerzo y tu trabajo que, efectivamente, eres digno de ocuparla. Los demás deberán hacer lo mismo con sus plazas respectivas.

El resto de opositores son tus compañeros, no tus rivales. Además, el compañerismo es un valor que debes potenciar, pues en el trabajo policial es de suma importancia

Tú éxito no depende del fracaso de otros, y esto es algo que me enseñaron los compañeros con los que preparé los últimos meses de mi oposición. Apenas 4 meses antes de las pruebas físicas me marché a vivir a Granada y a llegué a una academia de preparación en la que yo, lógicamente, era “el nuevo”. Un recién llegado de Salamanca que, de pronto, irrumpe en un grupo de chicos y chicas que llevaban preparándose juntos casi un año. A pesar de la cordialidad de todos yo siempre tuve la sensación de que me veían como “otro rival más, por si no éramos ya suficientes”. Pero el día de las físicas, concretamente en la carrera, cuando salí de la última curva con las piernas para pocas bromas, de pronto empecé a escuchar unas voces tremendas desde la grada: “¡Vamos Javi! ¡Aprientaaaa! ¡Vaaaamos Javiiiii!”, seguido de algún que otro taco. ¡Eran ellos! Un grupo enorme de los compañeros y compañeras de la academia que me espoleaban desde la grada. Los últimos metros de aquella carrera los hicieron ellos por mí y ese acicate tan inesperado me permitió arañar unos segundos valiosísimos al crono, y con ellos, unas décimas a la nota final. ¡Qué alegría (y qué lección) me dieron!

NO TE COMPARES CON NADIE

Recuerda que las circunstancias personales de cada uno son precisamente eso, personales, y que por tanto la historia de cada cual se escribe en libros distintos y con palabras y frases absolutamente diferentes. No pretendas, por ejemplo, aprobar en la primera convocatoria porque tu primo lo consiguió. Quizá tu primo preparó la oposición en exclusiva mientras que tú has de trabajar a la vez que entrenas y estudias. O quizá tú llevas años sin hacer deporte y necesitas más rodaje para quitarte el óxido y coger ritmo de nuevo. Son sólo un par de ejemplos, pero hay miles de circunstancias y casos. Tú seguirás tu sendero, recorrerás tu camino y no será ni mejor ni peor que el de nadie. Será simplemente el tuyo.

DISFRUTA EL CAMINO

Como te decía al principio, uno de los principales escollos de esta oposición es su extensión en el tiempo. Por ello, si fijas tu vista únicamente en la meta, puedes encontrarte pronto con el desasosiego, pues parece que el objetivo es demasiado lejano y complejo. Sin embargo, si centras tus energías en el siguiente paso y aprendes a disfrutar de los pequeños triunfos, encararás mejor el día a día y eso te permitirá mantener con mayor ánimo y fuerza el ritmo fluido y constante que te llevará al éxito.

Disfrutar el camino es clave para llegar a la meta con garantías

No te centres en si tienes que hacer tantas dominadas para obtener un aprobado. Valora que ahora mismo haces 3, y muy bien hechas, cuando apenas un par de meses atrás no eras capaz de levantarte sobre la barra. No veas el tema sobre la Administración General del Estado como un ladrillo infumable (que seguramente lo sea). Ve en él una oportunidad de adquirir unas nociones de cultura general sobre el funcionamiento de las instituciones. Y así con cada piedrecita que se te vaya poniendo por delante. Si te anticipas demasiado emplearás muchas energías en solventar situaciones que, muy probablemente, nunca tengas que llegar a enfrentar. Ya buscaremos un puente si nos encontramos en el camino con un río.

BUSCA UN ENTORNO PERSONAL CON LAS MISMAS INQUIETUDES

Aunque la oposición es un camino que se recorre en solitario, el hecho de tener un círculo de compañeros/as que compartan las mismas inquietudes y objetivos puede ser muy beneficioso para todos los integrantes de ese grupo. Podéis resolver dudas, animaros y motivaros mutuamente en momentos de bajón, compartir información, materiales y, por qué no, momentos de desconexión y ocio, que también son muy necesarios.

CONOCE PREVIAMENTE LOS ESCENARIOS CON LOS QUE TE ENCONTRARÁS

Lo desconocido siempre genera incertidumbre, y la incertidumbre puede afectar a tu rendimiento. Por ello es recomendable que, cada cierto tiempo, realices simulacros de las pruebas a las que tendrás que enfrentarte, tratando de recrearlas con la mayor fidelidad posible.

Para hacer simulacros de las pruebas de conocimientos realiza los tests en el mismo orden en el que te los presentarán el día del examen, empleando exactamente el mismo tiempo que se estipule para cada una de ellos y con los mismos minutos de descanso entre unos y otros. También deberías emplear la plantilla oficial de respuestas o una muy similar para adquirir así la costumbre de rellenar bien y sin errores las casillas.

Realizar simulacros de examen con la plantilla oficial de respuestas y recrea al máximo posible los escenarios y situaciones con los que vas a encontrarte

Para medir tu estado físico y controlar tu evolución es de suma importancia que también realices simulacros de examen. En esos ensayos levántate a la hora en la que vayas a hacerlo el día de las pruebas y desayuna lo mismo que planees tomar en esa fecha tan importante. Comienza el simulacro a la hora aproximada a la que vayas a comenzar a examinarte en tu día asignado y realiza las pruebas en el mismo orden que se establezca para tu convocatoria. Procura que los terrenos se asemejen a los que te encontrarás en la sede de la prueba (un suelo similar para el circuito, una pista de atletismo de 400 metros…) y que los tiempos de recuperación también se aproximen a los que tendrás entre prueba y prueba. Cualquiera de estos detalles puede influir en tu rendimiento, tanto a favor como en contra, y por eso deberías medirte recreando al máximo las condiciones del día clave.

NO LE TENGAS MIEDO A NADA (Y MENOS A LA ENTREVISTA)

Si has elegido esta profesión ya sabrás que en ella tendrás que enfrentarte a situaciones de extrema tensión, a delincuentes peligrosos, en ocasiones armados, y por si fuera poco, al juicio y opinión de todo aquel que te vea actuar. Teniendo todo esto en cuenta, ¿de verdad vas a temer a unas pruebas de selección o a un par de personas que te hagan algunas preguntas incómodas? ¡Nada de eso! Si vas a ser policía estás más que capacitado para enfrentar y superar todas y cada una de las pruebas que te encuentres en el proceso, por mucho que las compliquen. Y por supuesto que la tan temida entrevista personal no es una excepción. No te dejes llevar por los mitos y leyendas urbanas que sobre esta prueba circulan y afróntala con naturalidad, como una parte más de un proceso selectivo que tú vas a superar con holgura.

 

 J. Guerrero (Salamanca). Crecí en el barrio de Pizarrales, lugar de nacimiento de un famoso delincuente: «el Lute». Pero yo elegí el otro bando. Por eso hoy escribo, sin pretensiones de fama ni fortuna, pero con conocimiento de causa, sobre el bien y el mal, sobre policías y ladrones, sobre criminología y criminales… ¡Te agradezco mucho tu visita y tu lectura!

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